titulos comentarios

 

En su producción anterior estaban el humor, la ironía con un sesgo de acidez, una cierta decepción, la expectativa ante el acontecimiento de la historia del hombre, inclusive el pesar por la imposibilidad de tomar partido. Con "Los hermanos" esta postura ha pasado a ser activa. Rafael Martín se hace partícipe con todo cuanto esto significa y queda impreso en su obra: el humor y la ironía han quedado atrás, para ser reemplazados por el drama. Cuanto antecede de la obra premiada no implica, sin embargo que entre esta serie y las anteriores exista una ruptura tajante: hay un legado que pasa una de una a otra. La atmósfera surrealista y el expresionismo subsisten, con la adición de un toque hiperrealista. Lo que no significa en modo alguno una conjunción híbrida  de ismos, porque en la base de todo el proceso están ubicados la definida personalidad y la visión existencial de Rafael Martín.

Herberto Prado

La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 1984

 

El lenguaje de las formas en el espacio puede con toda idoneidad y capacidad expresiva, internarse en las sutilezas conceptuales, con la sola diferencia del tiempo íntimo. En esa búsqueda se interna con éxito Rafael Martín, poseedor de un lenguaje pleno que exalta la indagación a menudo dolorosa y dramática de la identidad.

Elba Pérez 

Buenos Aires, 1979

 

 "...Porque si bien no hay una determinación precisa sobre qué es plástico y qué no le es, diría que el solo planteamiento de un conjunto de formas en el espacio no decide su interés. Tiene que haber algo más, una suerte de superávit enaltecedor que exceda la mera ubicación de tal o cual forma, de sobrepasar las aluciones puramente visuales en pos de una inefabilidad comunicativa que supera el fenómeno óptimo.

Aldo Galli

La Prensa, Buenos Aires 1979

 

Sin duda, una de las cualidades más importantes de un artista es la de revelar a través de la belleza una parte de nuestra realidad interior o exterior. Rafael Martín consigue este objetivo con creces. Sus esculturas poseen fuerza expresiva y al mismo tiempo trasuntan una inefable delicadeza.

Silvia Turbay

La Actualidad en el Arte, Buenos Aires, 1982

 

Es uno de los valores más altos  de su generación. Y su generación es jóven, no sólo en el sentido temporal, sino en ese otro, mucho más raro: el de la juventud a la que el tiempo no habrá siquiera de dañar sino que con toda seguridad enriquecerá cada vez más y más. Esa obra madurada y afianzada sobre una técnica sólida y certera, se abre por igual al lenguaje surrealista, a un expresionismo de aisladas  pero poderosas notas dramáticas y, por sobre todo, a la poesía de las formas, a esa tan dificil (y para otros impenetrable) música del espacio, ya que sus trabajos deben completarse y complementarse en las tres dimensiones a cuya percepción tiene acceso la criatura. Y  satisfacer esta triple exigencia es, tal vez uno de los más serios e insolubles problemas que plantean las artes visuales de todos los tiempos, uno de los desafíos más abiertos que el artista, en cuanto ser taumaturgo de volúmenes, conoce a fondo cuáles son las respuestas. Su obra, flor de tornasolada corola, de inacabables pétalos, es diáfana y límída pero no por eso simple y mucho menos trivial. Constituye su manera de sentir y de decir la vida. La cotidiana y la otra, la que se remonta a la pura esencia del espíritu. 

César Magrini

(presentación del catálogo), Buenos Aires, 1977

 

El ser es fuente de vida y de muerte. A través del trabajo de la arcilla y el modelado, el artista ha encontrado el material adecuado para transcribir  al mismo tiempo un doble canto de amor y de desesperanza.Vive esta materia que le permite expresarse , expresar la indignación que algunas veces lo invade. A partir de ella traduce su sentimientos y prosigue la misión que le ha sido "asignada" cuando tenía apenas 8 años y descubrió solo, esta pasión por el modelado. Hoy trabaja el material acrílico que mediante  sabias combinaciones con otros materiales, hace vivo y cálido al tacto.

Rafael Martín no se considera discípulo de nadie. Sigue su camino a su ritmo, al ritmo de sus pulsaciones o períodos de vacío, sigue al frenesí de la creación.

Le Dauphiné Liberé

Octubre 1991

 

Rafael Martín cree firmemente en el papel histórico que asume el artista como testigo de su época. Martín, quien se formó como ceramista en los Estados Unidos, trabajó en Argentina durante muchos años la cerámica Raku, técnica que introdujo al país combinando cerámica raku y metales creó su primera obra, personajes que le hicieron merecedor  de varios premios, entre los que figura uno obtenido en Vallauris. A partir de la dictadura, la obra de Rafael Martín atraviesa  por un período de transición. Trabaja el dramático tema de los desaparecidos para luego, en la serie de los mutantes, exponer los estragos emocionales de la tragedia argentina: "Mutante a saurio" simboliza la dramática realidad de un pueblo ultrajado por medio de la metamorfosis del hombre en regresión evolutiva.

José David Miranda Meléndez

Curador Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico.

 

La rica ingeniería de Rafael Martín nos permite entablar por intermedio de la contemplación el diálogo con los diversos "rostros" interiores que moran en el subterráneo imperio del subconsciente, terrirtorio pero inquietante, por la carga tanto de de la individual  e intransferible de la criatura, como aquella otra donde accede al "tiempo milenario", como lo estudió Jung, al abordad la psicología de lo inconsciente. Por estos senderos, testimonia la exploración en los laberintos de una subjetividad hermética y a veces dimensiona lo grotesco, la sátira o el humor. En Martín, su voluntad transfiguradora es tan ambiciosa como la constructiva; pero el mundo que indaga es un escenario para eternos diálogos en busca de la autenticidad, porque posee la fe en la perfectibilidad del ser humano. Va dejando en  sus etapas algunos elementos, como los elementos del hierro, y hace actuar al modelado que aún en la escultura contemporánea tiene vigencia. Pero siempre asoman en ella los fantasmas, los ídolos , esas deidades contemporáneas antropomórficas o zoomórficas, como en "Las Esfinges", como en "Identidad". En ellas encierra el intelecto lo imaginario, la conciencia y la subconsciencia.

Vicente P. Caride

1978

 

"Cada nueva muestra de Rafael Martín es motivo de nuevas y siempre gratas comprobaciones. Cerámica y metal son los materiales de los cuales se vale, confiando a la primera, casi siempre, lo que correspondería a la expresión humana (rostros, a veces manos y ocasionalmente pies), y al segundo el entero resto de la composición. Composición traducida en obras de destellante originalidad, que revelan al autor, asimismo avanzando sin pausa en un estilo ya inconfundible, hecho de poesía y de sacasmo, de ternura y de simpatía , de resplandores entre dramáticos y satíricos, donde asoman la observación social, la actualización de lo mágico y de lo legendario, y por encima de todo el humor y la imaginación en un grado por demás infrecuente. Deleite en el más ceñido sentido del término, en lo que tiene tanto de sensorial como de intelectual, las esculturas de Rafael Martín son una sucesión de lo inesperado, lo insólito y, también, no hay que olvidarlo, una muy sutil manifestación de la más fina, la más sonriente hermosura".

César Magrini

El Cronista Comercial, Buenos Aires, 1974

 

En este último período de su siempre rica y cambiante obra, Rafael Martín piensa el futuro. Y en futuro. Sabe o intuye (y la intuición es una de las formas del conocimiento) que el hombre avanzará y llegará, porqué no, a ser dueño del cosmos, sin haber sido nunca dueño de sí mismo. Ese es el encierro que más lo entristece, eso dicen estas esculturas suyas, tan alucinadas, de una carne y de una piel en las que se demora largamente la muerte, la única a la que hay que temer, la del alma. El cautiverio, lacerante,  de esos seres extraños pero que sin embargo no nos son ajenos, es el nuestro, al que no nos atrevemos siquiera a nombrar, pero que el artista  enumera con una lucidez implacable. Aspera, escarpada, poesía la suya. La del dolor, la de las cadenas que imperceptiblemente crecen, las del encierro, el ahogo, la asfixia. Y máscaras al fin, esboza en ellas la promesa,  terrible, de que sólo después de la muerte podremos, si podemos, rescatarnos y conquistarnos. El con su alquimia y con su transfiguración, y porque pertenece a la raza de los que dan vida creando, ya está empezando a conseguirlo. 

César Magrini

Buenos Aires , 1985

 

"...Rafael Martín reconoce, que a lo largo de todo el proceso creador; el artesano y el oficio artesanal tienen un rol y que ese rol está determinado por el artista. Que sea, simultáneamente, artista y artesano, es cosa que enriquece; esa doble condición es sólo atentatoria o condicionadora para los mediocres; piénsese si afectó a Picasso; recuérdese a García Lorca cuando dice: " Si es cierto que soy poeta por la gracia de Dios- o del diablo- también es cierto que lo soy gracias al esfuerzo y al conocimiento de la técnica". Si Martín vuela es porque sabe usar sus alas, no meramente porque sus alas tengan plumas. Si en su ala cerámica hay un nervio escultórico, eso decidirá el alcance de su vuelo. Pero el ojo levantado que le permite ver seres humanos en sus Muchedumbres, decidirá la altura. El raku, la condición del vuelo. El arte, su inexorable duración."

José Viñals

Presentación de catálogo

Buenos Aires, 1973

 

Rafael Martín, bahiense decidido a no abandonar su ciudad natal (quedan pocos como él, con esa determinación que no deja de ser admirable), uno de nuestros más encumbrados ceramistas, también se hizo presente en una de las salas de Angelus con una impresionante serie de sus trabajos, llamada "El testigo", sorda pero también clara y definida rebelión contra la injusticia, el abuso de poder, la opresión y otros males de nuestro tiempo, tanto locales como universales. Es un conjunto de ensambles en los que combina, como es lógico, fragmentos de cerámica - casi siempre rostros en actitudes misteriosas, doloridas o patéticas- con trozos de arpillera, con metales, con elementos de hierro que su ojo, avizor y valorativo, ha sabido rescatar y recuperar de los que otros desdeñan como simple chatarra, incorporándolos a la composición y dándoles una dimensión hasta entonces poco menos que ignorada. Insistir acerca del talento de Rafael Martín, hablar de sus muy altas condiciones, de su instinto estético, de su inventiva, de todo cuanto ha hecho de él lo que es, parece, a esta altura un tanto superfluo. Quede, eso sí , testimonio de que sigue intacto en sus dones, o mejor dicho, de que éstos crecen y se multiplican en cada una de sus piezas, demostración irrefutable de que actualmente atraviesa por una etapa magnífica madurez.

César Magrini

El Cronista Comercial, 1982

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