titulos transicion

El arte de Rafael Martín pasa con frecuencia de un tema a otro por una transición que presenta piezas con técnicas y formas de dos etapas distintas. Los testigos iniciados en cerámica y metal con rostros elongados, en la última serie, se compone con técnica de collage y un relieve de rostro clásico, que caracterizará luego a las variaciones sobre la identidad. La transición marca aquí un cambio de interés de lo grupal a lo individual, del paisaje humano exterior a las imágenes interiores.

En 1974 una obra clave, El día que encerraron al sol recibe el primer premio en el XVII Salón Anual de Cerámica Artística, distinción oportuna a la pieza que inicia el tema de los encierros.

Su título tiene la potencia conceptual y la audacia imaginativa de los mitos antiguos. Permite evocar un  nuevo trabajo de Hércules para que encierre la fuente de la vida o pensar en un afán contemporáneo por la censura cósmica, o en el ahogo metafísico de la libertad o en nueva censura cósmica, o en el ahogo metafísico de la libertad o en nuevas utopías en manos de los cosmonautas circulares.

La pieza bifronte,recurso compositivo que se reiterará,  muestra al sol atrapado por un anillo de metal con patas. La textura de ambas caras es técnicamente valiosa: una, muestra la palidez mortecina del decadente rey, y la otra con un rojo amarronado, simula el tono del hierro en proceso de enfriamiento.

Quien se atreve a encerrar una sonrisa es otra clausura metálica del año 77 que traslada el símil de lo macro  al microcosmos humano: la sonrisa es el sol en la cara. Allí se proscribe la tímida alegría que la Gioconda exhibe sin pudor desde hace siglos. Ante la repetición casi onírica de un mismo modelo femenino, el espectador puede quedar desconcertado. María Sacheri evalúa el riesgo de esa decisión formal:

"Decir algo nuevo con una imagen que suscitó tanta admiración desbordante y también tanta sarcástica burla en nuestro irreverente siglo, no es fácil. Rafael Martín lo consigue".

El diálogo es otro encierro de oblícua intención lingüística. es otro enclaustramiento paradójico de objetos descomunales como el sol o  inasibles como la sonrisa o inmateriales como los pensamientos. En esta obra, dos cabezas separadas están englobadas en jaulas metálicas que penetran la carne y deforman la estructura ósea del rostro. La ironía del título contrasta con el despiadado y directo documento visual, provocado por un silencio que despeja toda la ambigüedad interpretativa. Los personajes han crecido con la escafandra puesta o auotimpuesta y han tolerado sin traducir sufrimiento, que el metal niegue la articulación de la palabra y la sonrisa.

 

 

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